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San Andrés Bobola, mártir
Les digo todo esto para que encuentren paz en su unión conmigo. En el mundo, ustedes habrán de sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo (Juan 16,33)
Según el Evangelio de San Juan, Jesús dijo esto a sus discípulos durante la cena de Pascua, antes de ser arrestado, a fin de prepararlos para cuando Él se fuera. Estas palabras indican lo importante que es confiar en Cristo para tener paz en la vida.
Jesús dijo que, en Él, los apóstoles tendrían paz, una paz que quiere decir un sentido de reposo interior y emocional, que contrasta con la idea de tensión o conflicto. La profunda paz interior que Jesús prometió significa reposar en Dios y confiar en Él por medio de su Hijo. De esta forma, los apóstoles encontrarían la paz necesaria para soportar la muerte del Señor y todas las situaciones que vendrían después. La misma paz puede ser nuestra si permanecemos en Cristo.
Pero también les dijo que en el mundo encontrarían tribulación y sufrimiento, vale decir, las presiones causadas por los males de la sociedad, las persecuciones a manos de los enemigos de Dios y las angustias propias de la inseguridad. Jesús advertía a sus discípulos que se cuidaran de volver al mundo, porque allí solo encontrarían sufrimiento, cuya esencia misma es la discordia que siembra el pecado para alejarnos de Dios y del prójimo.
Casi todos conocemos por experiencia propia los sufrimientos a que se refería Jesús, porque solemos confiar más en el mundo que en el Señor. Por eso, ante las inevitables tribulaciones resultantes de tal proceder, es preciso saber que, así como el Padre estuvo con Jesús cuando era acusado y flagelado por sus enemigos (Juan 16,32), Cristo está con nosotros cuando enfrentamos el mundo. A cada paso, tenemos que saber que hay un camino mejor, y que podemos depositar nuestra confianza en Cristo y recibir su paz.
Próximos ya a Pentecostés, dejemos que el Espíritu Santo nos muestre la faz radiante y amorosa de Cristo Jesús resucitado. Esta revelación nos dará fortaleza para confiar en el Señor y apartarnos del mundo.
“Señor Jesús, Tú eres la fuente de la paz verdadera. Separados de Ti, estamos perdidos. Contigo podemos declarar que no estamos solos, porque nuestro Dios está con nosotros. Que tu Espíritu Santo nos enseñe a seguirte hasta el Reino de Dios.”
Hechos 19,1-8, Salmo 68,2-7