Catholic Meditations

Meditación: Juan 4,43-54

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Cuando lea el Evangelio de hoy, ponte en el lugar de este oficial de Cafarnaúm, cuyo hijo se encontraba al borde de la muerte.

Desesperado salió a buscar al hacedor de milagros del que tanto había oído hablar. ¡A lo mejor Jesús podía curar a su hijo también! Aparentemente, sin reclamar para sí el trato especial que merecía su posición social, se acercó a Jesús con la misma humildad de cualquier persona afligida y le rogó que lo ayudara.

Cuando el Señor trató de probar la convicción del hombre (Juan 4,48), el oficial insistió y le suplicó que fuera a su casa. Luego sucedió algo muy importante: Jesús declaró que su hijo viviría, y el hombre “creyó lo que Jesús le dijo y se fue” (4,50) sin pensarlo más. Ya no era necesario que el Señor viniera a su casa ni que le volviera a asegurar que su hijo se curaría. ¡El Señor había hablado y eso bastaba!

¡Eso es fe! Tal como aquellos “antepasados” cuyo ejemplo leemos en la Carta a los Hebreos, este hombre tuvo la plena seguridad de recibir lo que esperaba y estuvo convencido de la realidad de cosas que no veía (v. Hebreos 11,1-2). Esta es una fe viva y confiada, no una resignación intelectual ni una suposición ciega de que “de alguna manera todo saldrá bien” sin hacer nada más y sin esperar mucha ayuda de Dios.

Hoy, en tu oración personal, dedica un momento a conversar con el Señor honestamente acerca de tu propia fe. El Señor quiere enseñarte a confiar en su amor y creer que cada día, en toda situación, Él está allí contigo. Pregúntate: ¿En qué pongo mi fe? ¿Creo que Jesús es tan bueno como siempre ha demostrado ser? Luego, cuando se produzca una situación en la que necesites actuar con fe, reclama las promesas de Jesús al pie de la letra. Confía en Él con todo tu corazón, como lo hizo el oficial; cree en sus palabras y luego observa con atención para que veas cómo se desplegará la acción milagrosa.

“Señor, hay aspectos de mi vida que te he mantenido ocultos por falta de confianza. Te invito a que entres en esas áreas ahora y te ruego que me concedas la fe que tuvo el oficial de la lectura de hoy, que te pidió por la salud de su hijo y la obtuvo porque creyó cuando Tú pronunciaste tu palabra.”

Isaías 65,17-21

Salmo 30,2.4-6.11-13