Catholic Meditations

Meditación: Marcos 6,30-34

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Cuando Jesús llegó a la orilla y vio la gran multitud que lo espe­raba, pudo haber empezado a curar a los enfermos o dado de comer mila­grosamente a los presentes; pero en esta ocasión “comenzó a enseñarles muchas cosas” (Marcos 6,34).

Las palabras del Señor tienen poder para llegar a lo más profundo de nues­tro ser. Sus palabras nos hacen caer de rodillas llenos de gratitud, cuando nos damos cuenta de que Cristo vino a redimirnos del pecado y a enca­minar nuestra vida por el sendero correcto. Las palabras de Jesús, cuyo eco resuena hoy en nuestro corazón, tienen poder para cambiar completa­mente el entendimiento que tenemos del mundo y de la vida.

Hoy es un buen día para reflexio­nar si nos estamos alimentando de la Palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura. Aquí en La Palabra Entre Nosotros instamos constante­mente a nuestros lectores a dedicar un tiempo específico cada día para leer un pasaje del texto sagrado y escu­char la voz de Dios. Pídele al Señor que abra tu mente para entender lo que quiere decirte. Si te formas este hábito, verás que se producirán cam­bios en tu vida; tu actitud será más parecida a la de Cristo; comenzarás a interceder por las situaciones de crisis de las que te enteres; reaccionarás con mayor paciencia y amabilidad frente a los demás y lograrás resistir las ten­taciones con mayor facilidad. ¡Pero lo más importante es que de esa forma la Palabra de Dios irá formando correcta­mente tu conciencia y tu razón!

¡Cómo anhela el corazón humano recibir la sabiduría de Dios! ¿Quién de nosotros no quiere tener una men­talidad formada según la verdad y quién no quiere rectificar las ideas falsas o engañosas que ha mante­nido por años? Este es el objetivo de la Escritura. La Palabra de Dios no es solamente una colección de pen­samientos piadosos o de relatos históricos; es la Verdad misma, cuya fuente es Dios, que nos capacita para cumplir nuestro destino y vivir para la gloria de nuestro Creador.

“Espíritu Santo, Dios mío, abre mi corazón para escuchar y entender tu Palabra en la Sagrada Escritura; permite que tu Palabra llene mi ser y me renueve por completo; que tu verdad reemplace los conceptos engañosos que condicionan mi conducta para que así llegue a parecerme más a Jesús. Gracias, Señor.”

1 Reyes 3,4-13, Salmo 119,9-14