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Cuando Jesús llegó a la orilla y vio la gran multitud que lo esperaba, pudo haber empezado a curar a los enfermos o dado de comer milagrosamente a los presentes; pero en esta ocasión “comenzó a enseñarles muchas cosas” (Marcos 6,34).
Las palabras del Señor tienen poder para llegar a lo más profundo de nuestro ser. Sus palabras nos hacen caer de rodillas llenos de gratitud, cuando nos damos cuenta de que Cristo vino a redimirnos del pecado y a encaminar nuestra vida por el sendero correcto. Las palabras de Jesús, cuyo eco resuena hoy en nuestro corazón, tienen poder para cambiar completamente el entendimiento que tenemos del mundo y de la vida.
Hoy es un buen día para reflexionar si nos estamos alimentando de la Palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura. Aquí en La Palabra Entre Nosotros instamos constantemente a nuestros lectores a dedicar un tiempo específico cada día para leer un pasaje del texto sagrado y escuchar la voz de Dios. Pídele al Señor que abra tu mente para entender lo que quiere decirte. Si te formas este hábito, verás que se producirán cambios en tu vida; tu actitud será más parecida a la de Cristo; comenzarás a interceder por las situaciones de crisis de las que te enteres; reaccionarás con mayor paciencia y amabilidad frente a los demás y lograrás resistir las tentaciones con mayor facilidad. ¡Pero lo más importante es que de esa forma la Palabra de Dios irá formando correctamente tu conciencia y tu razón!
¡Cómo anhela el corazón humano recibir la sabiduría de Dios! ¿Quién de nosotros no quiere tener una mentalidad formada según la verdad y quién no quiere rectificar las ideas falsas o engañosas que ha mantenido por años? Este es el objetivo de la Escritura. La Palabra de Dios no es solamente una colección de pensamientos piadosos o de relatos históricos; es la Verdad misma, cuya fuente es Dios, que nos capacita para cumplir nuestro destino y vivir para la gloria de nuestro Creador.
“Espíritu Santo, Dios mío, abre mi corazón para escuchar y entender tu Palabra en la Sagrada Escritura; permite que tu Palabra llene mi ser y me renueve por completo; que tu verdad reemplace los conceptos engañosos que condicionan mi conducta para que así llegue a parecerme más a Jesús. Gracias, Señor.”
1 Reyes 3,4-13, Salmo 119,9-14